No todo lo legal es moral; necesitamos empresas con alma

“No todo lo legal es moral; necesitamos empresas con alma”

En la actualidad los ciudadanos no confían en las instituciones ni organismos, ni en ONG, ni en medios comunicación ni en los políticos. Y los grupos de interés nos los recuerdan cada día, saliendo a la calle mostrando su disconformidad por situaciones como la desigualdad, la violéncia de género o el cambio climático. Así que las empresas, tanto públicas como privadas, han de responder. Porque no todo lo legal es moral, y los ciudadanos y los clientes nos requieren empresas con alma, que sean responsables, que integren claves de sostenibilidad en su negocio incuyendo acciones a nivel social y ambiental. Y es que el activo más valioso de una compañía es la confianza y sólo con transparencia y acciones responsables por parte de la empresa, se puede incrementar ese valor.

Y ahí es donde entran las políticas de responsabilidad social en las compañías. Y esto no es entregar un cheque a una ONG o recomponer el medio ambiente tras contaminarlo. La responsabilidad social corporativa (RSC) va más allá de meras acciones puntuales que haga sentirse mejor a los empresarios. Hablamos de establecer y aplicar políticas inclusivas, programas de salud, bienestar, igualdad y conciliación para los empleados, modelos de prevención de riesgos económicos y acciones de prevención de la contaminación ambiental. Se trata de un modelo económico, social y responsable que dirige a las organizaciones hacia un modelo de ética empresarial, donde las compañías sean más eficientes y más responsables.

Estos modelos de gobernanza sostenible, además de estar basados en generar riqueza incluyen criterios de sostenibilidad que generan bienestar a toda la población mundial.

Pero las organizaciones que dicen ser responsables tienen que demostarlo, no sólo decirlo, porque ahora las empresas son de cristal. Están expuestas al mercado a través de las redes sociales, no sólo las suyas sino de sus empleados, clientes, proveedores, etc. Necesitan ser transpartentes y responsables con su información y con sus acciones, porque de ello depende su reputación. Y hoy en día, el valor de una empresa depende de su reputación. Empresas que cierran no por los errores cometidos sino por el eco de la sociedad que hace de ellos, por la incertidumbre y la desconfianza que genera en sus clientes, que ya no confian en la organización o de sus empleados que ya no quieren trabajar en ella.

En definitiva, nuestra sociedad necesita confianza, necesita información transparente y fiable, necesita empresas responsables y sostenibles, para hacer frente al futuro, a los retos mundiales a los cuales nos enfrentamos. Ya que los desafíos del futuro no son sólo económicos, también tienen que ver con lo social y lo ambiental.

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